El movimiento bandístico en América, por Carlos Diéguez

Texto introductorio al Panel Internacional: El movimiento bandístico en América

Modera: D. Carlos Diéguez Beltrán

“El movimiento bandístico en América” es el título del presente panel con el que pretendemos conocer y acercarnos a su realidad; un mundo bandístico por descubrir tanto en Norteamérica como en Latinoamérica.

 Es común pensar que sólo en Estados Unidos se desarrolla el movimiento bandístico en el continente americano, desvalorando  el movimiento latinoamericano de bandas que existe en el continente; como si el pertenecer a un país en vías de desarrollo o subdesarrollado fuera el hándicap principal que impidiera la proliferación de las bandas de viento.

 Este panel intentará poner luz a diferentes  proyectos y realidades desconocidas comúnmente en nuestro país.

 Es cierto que fuimos los españoles los que introdujimos el movimiento bandístico a través de las primeras bandas tras la conquista de América, pero sin embargo no les prestamos la atención necesaria;  ya que no se debió a motivos estrictamente musicales sino militares por un lado y de caquetización indígena por el otro.

 Coincidiendo con el fin de la colonización europea durante la segunda mitad del s. XIX y principios del XX será cuando nazcan las bandas profesionales municipales en Latinoamérica en pleno movimiento de  independencia o en la conmemoración  de su primer centenario como nuevo país. (1899 La Habana; 1907 Montevideo; 1910 Buenos Aires; 1911 Caracas; 1913 Bogotá) Escribirían así, a semejanza de la Revolución Francesa su propia historia, siendo la banda la agrupación instrumental que representará a la nueva nación, a los ideales de la patria.

 (Las Bandas Militares. URUGUAY):

Diferentes son los modelos actuales de las Bandas Militares latinoamericanas, más cercanos a la tradicción norteamericana que al español; con formaciones estilo de las “Marching Band” americanas y con la participación con gran auge en los desfiles denominados “Tattoo Militar”

Con Natalia Sanabria, Directora de la Banda de Parada de la Armada Nacional de la República Oriental del Uruguay, descubriremos la realidad del movimiento musical latinoamericano; especialmente del uruguayo.

 (OTROS PAÍSES)

Otros países, sin embargo, han prescindido completamente de las Bandas Militares; esto es debido a que también lo han hecho del ejército. Es el caso de Costa Rica, el cual abolió el ejército en 1948.

Las que eran Bandas Militares hasta entonces ahora son bandas profesionales civiles; y las 7 formaciones (una por cada provincia del país) de las que hacemos referencia forman la denominada “Dirección General de Bandas de Conciertos” con más de 165 años de historia.

Es un caso único en el mundo, con la coordinación en un proyecto de todas las bandas profesionales de un mismo país.

 En este panel podríamos hablar de otros proyectos bandísticos americanos como podrían ser “Las Escuelas de Bandas de Cuba” con la creación de más de 150 bandas en los últimos diez años o la situación actual del movimiento bandístico en Argentina o Brasil; pero nos llevaría con rigor a dedicarles un congreso completo para profundizar en su realidad.

 (VENEZUELA)

Sin embargo nos gustaría hacer hincapié en dos proyectos sociales; uno más conocido por nosotros, no porque en sí lo conozcamos con detalle, sino porque el nombre de Gustavo Dudamel o del Maestro Abreu nos suena gracias a la Orquesta Simón Bolívar, a sus videos por youtube o a sus giras de conciertos por nuestro país.

 Para ello habíamos invitado a un colaborador muy especial, socio de honor de la ANDB y director fundador de una de las bandas más importantes de Latinoamérica: La Banda Simón Bolívar.

Desgraciadamente y por motivos burocráticos (de papeleos y permisos de visado), Jesús Ignacio Pérez Perazzo no ha podido viajar desde Venezuela y acompañarnos en este Congreso. Hasta última hora lo hemos intentado ambas partes.

 Nos gustaría conocer más sobre El Sistema, que cumple 40 años de vida, haciéndonos especialmente una pregunta:

  • ¿Por qué se inició con orquestas y no con bandas, si lo que existía en Venezuela por aquel entonces eran bandas y no orquestas?

 El maestro Perazzo nos hace llegar una reflexión al respecto:

 “Aunque las Bandas en Venezuela son de muy vieja data -por ejemplo, la BANDA MARCIAL CARACAS, institución de la cual tuve el honor de ser su Director Titular durante 15 años (1979-1994) había sido refundada como ese nombre  en 1864-, no obstante, la condición y status del músico de Banda dejaban mucho que desear con relación a otras profesiones u oficios. Por otra parte, la Educación, Enseñanza y Docencia musical se encontraban -y aún hoy, en algunos casos-, sometidas a criterios, parámetros, metodologías y prácticas que no correspondían a los más avanzados conceptos de la moderna pedagogía.

 Todo ello, sumado a las muy pocas oportunidades que la juventud tenía en ese entonces, para encontrar en la actividad musical un camino para su realización y desarrollo personal y profesional, llevaron al entonces joven maestro JOSE ANTONIO ABREU a pensar y diseñar un complejo e interesante modelo de enseñanza práctico-teórico (que no: teórico-práctico) para abrir novedosos caminos de desarrollo, realización y superación de nuestras infancias y juventudes, convencido de que la música lograría formar ciudadanos disciplinados, organizados e inspirados por un permanente espíritu de superación.

Así, el que pertenecía a la academia, no vaciló en tomar el camino incluyente de la MUSICA SINFONICA que agrupaba y podía agrupar todos los medios expresivos: cuerdas, vientos -maderas y metales-, teclas y percusiones…y así, se comenzó a construir EL SISTEMA  -hace 40 Años-, con el valor agregado de convertirlo en una vía maravillosa para rescatar a muchos jóvenes del camino peligroso del ocio y abrirles un horizonte de superación y éxito.

 Desde los inicios y formado como estaba dentro del camino sinfónico -violinista, como instrumento principal-, participamos activamente, con el maestro en el desarrollo y crecimiento del SISTEMA. Nos correspondió en 1977, iniciar el Núcleo Yaracuy en el Estado del mismo nombre y colaborar también, con el desarrollo y crecimiento de otros núcleos en distintos Estado del País. Participamos como uno de los  Directores que actuaron en el Primer Concierto de la Orquesta Infantil de Venezuela integrada en ese entonces -1978-, por 700 niños…pero simultáneamente, veníamos organizando y mejorando aquellas Bandas de vieja data y tradición, tratando de revitalizar sus funciones, repertorios, rendimiento y calidad…Fue así como un día de julio de 2005 recibí el RETO del Maestro ABREU: “Jesús Ignacio, por qué no haces una Banda”… y en Febrero de 2006, nacía la BANDA SINFONICA JUVENIL SIMON BOLIVAR hoy -sin ninguna duda UNA DE LAS MEJORES y perdonen la inmodestia pero solo cito las palabras de maestros como: Corigliano, Johan De Meij, Jan van der Roost, Ferrer Ferrán, Eddie Vanostuysen y muchos otros, que nos conocen y han trabajado con nuestra Banda…Por supuesto, es una Banda de Conservatorio, con niveles muy estrictos de funcionamiento, con muy duras pruebas de calificación tanto para ingresar como para permanecer en ella pero con un objetivo preciso, convertir al ORGANICO INSTRUMENTAL cada día más renovado y desarrollado que es la BANDA, como un medio o vehículo de expresión de ideas musicales con un lenguaje, instrumental y sonidos muy propios y no mejor ni peor que ninguna orquesta SINO DIFERENTE Y PROPIO!!! VIVA EL GLORIOSO SONIDO DE LA BANDA”

Lo cierto, y esto que narro ya no son palabras del maestro Perazzo, es que las Bandas como institución ofrecieron una gran resistencia al nacimiento del Sistema y a la creación de nuevas agrupaciones infantiles y juveniles en Venezuela. Por lo que fue mucho más fácil empezar un proyecto nacional desde 0, desde otro modelo de agrupación que no existía en todas las regiones del país como era la orquesta sinfónica.

Paradójicamente muchos maestros de las bandas, fueron en sus inicios, directores de las recién creadas orquestas infantiles y juveniles venezolanas.

 (COLOMBIA. MEDELLÍN)

Menos conocido por todos, pero no menos importante es el proyecto de Colombia como nación; a través del Programa Nacional de Música para la Convivencia.

 El PNMC como iniciativa para afianzar la democracia y la cohesión social, brinda oportunidades para la formación y la práctica cualificada de las expresiones musicales, genera mecanismos para comprender e impulsar la actividad musical y promueve la concertación entre diversos actores. Es una oportunidad flexible e incluyente de construcción de autonomía y convivencia desde los procesos de desarrollo musical en los contextos locales. El PNMC se estructura en siete componentes estratégicos: gestión, formación, dotación, divulgación y cooperación, información e investigación, producción y emprendimiento, creación.

El maestro Frank de Vuyst nos hablará de un proyecto muy especial: La Red de Escuelas de Medellín (de la que es director artístico de su banda sinfónica), formada por 27 escuelas de música ubicadas en distintos barrios y comunas de la ciudad (13 de vientos y 13 de cuerdas), con una cobertura aproximada de 4.621 estudiantes, quienes se vinculan con el mundo de la música mediante procesos de formación y la conformación de agrupaciones tales como coros, semilleros de instrumento, prebandas, preorquestas, bandas y orquestas, enriqueciendo los procesos culturales y artísticos de la ciudad.

 El origen de las Bandas en los Estados Unidos no es tan diferente que en Latinoamérica. Las nuevas formaciones surgieron en la era colonial y se extendieron con la Guerra de la Independencia (1775-1781).  La construcción de una gran nación dependía de que los colonos, procedentes de diversos países, sintieran la necesidad de crear un gran  estado, libre e independiente.  Para ello se crearían bandas como la U.S. Marine Band (1798).

 El reconocido movimiento bandístico escolar del s. XX con miles de bandas en colegios, institutos y universidades tuvo su origen en 1827 cuando en Harvard y Yale se establecen bandas en sus centros educativos por primera vez. Les seguirían Charleston (1828),  Notre Dame University (1842), o la University of Michigan (1847).

 Estados Unidos no tuvo su propia era barroca, ni clásica, ni romántica. Tampoco tuvo castillos o palacios en los que  músicos y compositores servían a los nobles con sus conciertos privados. No nacieron tampoco en Norteamérica en estos siglos talentos como Bach, Haendel, Haydn, Mozart o Beethoven; por lo que la mezcla de diferentes culturas procedentes  de las colonias, fraguarán su propia historia.

En lo popular se introdujeron las danzas europeas como polkas o valses y en lo sinfónico las bandas comenzaban a interpretar las obras originales para viento de Mozart o Mendelssohn,  introducidas por inmigrantes.

 Las orquestas sinfónicas como la Chicago Symphony Orchestra, empezaban  a su vez a constituirse de forma estable.

Las Orquestas Sinfónicas serían visitadas por Tschaikovsky o personalidades como Mahler, Bartók, Hindemith o Stravinsky que se establecerían en el país bien por razones políticas o  en busca de una estabilidad profesional. Mientras, las bandas vivían sus años dorados (1866-1930) y  Sousa continuaba actuando ante miles de personas.

 Ante semejante aceptación popular las bandas norteamericanas no tenían la necesidad de crear un repertorio original “sinfónico” que no fuesen marchas o un repertorio ligero. Serían los directores-compositores los que  compondrían el mayor número del material original de estas agrupaciones. El restante sería escrito por hombres que tuvieron contacto con ellas como Charles Ives, Arthur Bird o Percy Grainger.

 El declive bandístico comenzaría a inicios del s. XX debido a los constantes cambios sociales y tecnológicos que vivía la nación norteamericana: el nacimiento  y desarrollo del cine, de las grabaciones fonográficas, de las salas de baile, de los automóviles o de la radio; perdiendo entonces la banda su pódium en el mundo del entretenimiento y espectáculo. Las nuevas competiciones deportivas u otros espectáculos musicales se convertirán en los acontecimientos sociales emergentes al aire libre.

 Aún así las bandas  transmitían unos sentimientos patrióticos y de identificación con todos los ciudadanos que en momentos de guerra se elevarían aún más.

Este patriotismo orquestal  llegó con la creación de obras por autores norteamericanos; obras como la Rhapsody in Blue en 1924, que a través de la influencia folclórica del jazz  hizo vibrar a la ciudad de New York, al país y al resto del planeta. Ahora las bandas ya no podían seguir tocando solamente transcripciones. Necesitaban un repertorio original urgentemente y que fuese de calidad. El maestro Goldman era consciente de ello, por lo que cuando fundó su Goldman Band contactó con importantes compositores europeos y americanos para que escribiesen obras originales para banda. Pero la de Goldman, en 1922, era la única banda civil profesional americana que interpretaba exclusivamente repertorio original, en oposición a las demás  que entretenían a las masas con programas musicales en los diversos parques del país.

 La importante crisis financiera de 1929 propició el fin de la edad de oro de las bandas americanas. Los directores ya no conseguían tantos contratos para sus formaciones y con esta larga situación de fuertes dificultades económicas en el país, era más asequible de contratar y de asumir los gastos de viaje y manutención de los 5 a 20 músicos de una orquesta de jazz que el más de los 40 componentes de las bandas de música.

 Con ello las bandas profesionales fueron gradualmente desapareciendo a comienzos de los años treinta, siendo ocupado  ese lugar privilegiado  por bandas de escuelas. Entre sus primeros directores contarán con veteranos de la Primera Guerra Mundial.

Los actos como conciertos en los parques, celebraciones festivas, mítines políticos, aperturas de negocios o desfiles eran las principales contrataciones de las bandas profesionales que en esta época de recesión económica serán realizados ahora  por bandas amateurs.

La industria de manufacturación de instrumentos verá un filón económico en las bandas escolares, ya que en 1929 existían cerca de 20.000  en todo el país; por lo que patrocinará eventos como concursos y festivales para estas formaciones.

 La escuela pública a su vez costeará las clases de instrucción para bandas y orquestas, sirviendo además éstas para formar a los nuevos directores de bandas en cuanto a la técnica de ensayo y la búsqueda de un repertorio apropiado.

 El modelo de bandas universitarias  Norteamericanas se transformaría a mediados de los años cincuenta, del pasado siglo, gracias a figuras como el Maestro Frederick Fenell y su Eastman Wind Ensemble.

 El maestro Evan Feldman nos hablará en su intervención sobre este modelo americano de bandas escolares (Colegios, Institutos, Universidades).

Así como de la Universidad de Carolina del Norte.